viernes, 17 de mayo de 2013

MOMENTOS ESPECIALES #13:

¡Hola bloggers! Hace tiempo que no publico ninguna entrada, así que hoy he decidido obsequiaros con un momento especial con el que me he topado en mi actual lectura. Así que sin enrollarme más os dejo el momento especial del libro "Delirium" de Lauren Oliver.

Aviso: puede contener spoilers de lo que pasa a finales del libro, así que si lo leéis es bajo vuestra única y total responsabilidad.

 -Si yo te importara me llevarías lejos -digo.- Si yo te importara algo, nos iríamos ahora mismo.
-Tú me importas -dice Álex.
-No, no te importo -ahora sé que me estoy comportando como una cría, pero no puedo remediarlo-. A ella tampoco le importé. No le importaba en absoluto.
-Eso no es cierto.
-¿Por qué no vino por mí entonces? -aún estoy de espaldas a él, con una mano apoyada a la pared, sintiendo cómo eso, también, podría derrumbarse en cualquier momento -.¿Dónde está ahora? ¿Por qué no vino a buscarme?
-Ya sabes por qué -dice con mayor firmeza -. Ya sabes lo que le habría sucedido di la hubieran vuelto a atrapar, si la hubieran cogido contigo. Habría significado la muerte para las dos.
Sé que tiene razón, pero eso no me alivia en absoluto. Sogo adelante obscinadamente, incapaz de detenerme.
-No es eso. A ella no le importo y a ti tampoco. No le importo a nadie.
Me paso el brazo por la cara, limpiándome la nariz.
-Lena -me llama colocando las manos en mis codos y haciéndome girar para situarme frente a él. Cuando me niego a mirarle a los ojos, me alza la barbilla obligándome a que le mire -. Magdalena -repite: es la primera vez que ha usado mi nombre completo desde que nos conocemos -. Tu madre te amaba, ¿lo entiendes? Te amaba. Te sigue amando. Quería que estuvieras a salvo.
El calor me invade. Por primera vez en mi vida, no da miedo el verbo amar. Algo parece abrirse dentro de mí como un bostezo, se estira como un gato que intenta absorber el sol, y necesito desesperadamente que me lo vuelva a decir.
Su voz es infinitamente suave. Sus ojos son cálidos y están veteados de luz, con ese color del sol que se derrite como mantequilla a través de los árboles en una luminosa tarde otoñal.
-Y yo también te amo -sus dedos me acarician el borde de la mandíbula, bailando brevemente sobre mis labios -. Tendrías que saberlo. Tienes que saberlo.

Y hasta aquí ha llegado el momento especial, espero que os haya gustado, y si queréis leer el primer capítulo del libro podeís encontrarlo: AQUÍ.

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