lunes, 1 de abril de 2013

MOMENTOS ESPECIALES #5:

Como bien sabréis la segunda parte de el Círculo de la editorial Maeva pronto se publicará, así que me ha parecido justo y oportuno que la próxima entrada de momentos especiales, es decir esta entrada, fuera de; El Círculo.

Se oyen más sollozos. Rebecka nota un vértigo repentino. El aire se vuelve denso y pesado de respirar.
-¿Rebecka? -susurra Gustaf.
La voz de la directora suena cada vez más lejana, como si estuviera hablando debajo del agua.
-Tengo que... -musita Rebecka.
Gustaf la comprende. Como siempre, él la comprende. Le ayuda a levantarse y la acompaña discretamente a la salida. Ella nota que todas las cabezas se vuelven hacia ellos, pero no le importa. Necesita aire. 
Ya fuera del salón de actos siente que se la pasa el vértigo. Respira hondo. 
-¿Quieres que salgamos al patio? -pregunta Gustaf -. ¿Te traigo un vaso de agua?
-Gracias -responde Rebecka, le da un abrazo y, con la nariz hundida en su cuello, inspira el olor -. Ya me encuentro mejor. Es que estaba un poco aturdida. 
-¿Has comido algo esta mañana?
-Sí -responde -. ¿Por qué lo preguntas?
No han hablado nunca de su problema, aunque Rebecka está segura de que Gustaf se lo imagina. Lo ha notado en ciertas miradas, ciertas pausas que hace como si tomara impulso para preguntar, pero al final no sabe cómo.
-Es que... como estabas mareada...
No debería enfadarse. Lo único que le demuestra con el comentario es que se preocupa por ella.
Pero, ¿no podrías preguntarme directamente?, piensa. ¿No puedes preguntarme algo que llevas meses queriendo saber? ¿Será verdad lo que dicen de Rebecka? ¿Qué después del almuerzo del comedor va y vomita la comida? ¿Qué se mareó en clase de gimnasia a principios de noveno porque no comía nada? 
¿Y por qué no puedes contárselo tú sin que te pregunte?, le dice una vocecilla interior. Es tu novio. Y os queréis.
Rebecka ya sabe la respuesta.
Tiene miedo de que la deje. Porque, ¿cómo iba a seguir con alguien tan rollo? Que está tan mal de la cabeza que dejó de comer, luego empezó a comer más y a vomitar, y luego ha vuelto a no comer nada... Alguien que siempre teme volver a perder el control. A los chicos no les gustan las chicas con problemas de ansiedad. Quieren tías normales y alegres, que se rían mucho. No ha resultado nada difícil comportarse así con Gustaf, porque él la hace tan feliz... Y ese lado oscuro ha podido ocultarlo hasta ahora.
¿Por qué no iba a gustarle a él ese lado también?, le pregunta ahora la misma voz. Deja que pase y lo vea, así lo sabrás. Cuéntale lo que nunca le has contado a nadie.
Rebecka saborea las palabras. El alivio que sabe que experimentaría. Y la angustia que vendría después. Contar los secretos es hacerse vulnerable. Recuerda cuando estaba en secundaria, cómo se utilizaban los secretos cual armas arrojadizas en guerras que estallaban una y otra vez. Incluso lo más inocente se transformaba en veneno en manos de otros.
Pero Gustaf no actuaría así, ¿no?
No, conscientemente no, desde luego. Pero basta con un comentario imprudente en presencia de alguien en el campo de fútbol; si dice que está preocupado por ella, por ejemplo, y enseguida se pone en marcha el carrusel de los cotilleos. 
No, decide al fin. Más vale que me lo guarde. Solo así podré estar segura de que el secreto sigue siendo un secreto.
-Me temo que el desayuno ha sido más ligero de la cuenta -dice -. Salí a correr antes de desayunar, así que habría debido comer un poco más. 
Así no hablaría una persona con problemas alimentarios, ¿verdad?
Gustaf parece aliviado, aunque no del todo convencido.
-Tienes que cuidarte -le aconseja -. Significas tanto para mí...
Rebecka le besa los labios. increíblemente suaves. 
-Tú lo significas todo para mí -le susurra ella pensando que, en realidad, eso no es completamente cierto, porque claro, los demás también son importantes para ella: su madre, su padre, sus hermanos. Pero es bonito decir algo así. En cierto modo, encierra el sentimiento inmenso que le inspira Gustaf que, en el fondo, no puede expresarse con palabras.

He escogido este momento para "hacer memoria" de nuestra querida Rebecka.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¡Hola! ¿Te apetece dejar un comentario? Ya sabes que me apetece mucho saber tu opinión.
Pero hay una cosa que debes recordar: hay que ser respetuoso. Si hay comentarios en los que se falta al respeto estos serán borrados.
¡Un saludo!